Nuestra historia
Una casacon nombre propio
CasaKary no nació como un proyecto hotelero convencional. Nació de una historia familiar, del amor por Sevilla y de una manera muy personal de entender la hospitalidad.
Quiénes somos
Somos Anne y Alfonso, y CasaKary nace de nuestra vinculación con Sevilla y de una manera muy personal de entender la hospitalidad.
Nos enamoraron su luz, sus colores, su cultura y esa forma de vivir que parece seguir el ritmo del Guadalquivir. En la calle Betis encontramos el lugar en el que convertir ese sentimiento en una casa.
No queríamos crear un hotel convencional, sino un espacio privado, íntimo y profundamente cuidado. Una casa con identidad propia, abierta a pocas personas y concebida para quienes valoran el tiempo, la tranquilidad, la belleza y los detalles que no necesitan llamar la atención.
Para nosotros, el verdadero lujo no consiste en exhibir, sino en poder elegir: qué hacer, cuándo hacerlo y con quién compartirlo.
CasaKary es nuestra forma de recibir. Pero su nombre, su personalidad y buena parte de sus valores proceden de una mujer.
Kary.

El origen
Kary
CasaKary no lleva un nombre inventado. Lleva el nombre de una mujer.
Kary era la madre de Alfonso. Una mujer inquieta, curiosa y adelantada a su tiempo, que entendía la elegancia como una forma de vivir y de tratar a los demás, nunca como una manera de llamar la atención.
Una mujer que siempre miraba hacia delante
Kary fue directora de arte sin haber sido modista. Su intuición, su creatividad y su capacidad para entender lo que deseaban las mujeres la llevaron a diseñar más de mil modelos de blusas.
Algunos de sus clientes pasaron de producir cinco unidades a fabricar quinientas.
También fue pionera en apostar por el pantalón largo para la mujer en España y en llevar el color a las chaquetas de cuero, en una época en la que hacer las cosas de manera diferente exigía bastante más que buen gusto.
Pero sus logros profesionales solo cuentan una parte de su historia.

El lujo de no tener que demostrar nada
Kary alcanzó un gran éxito, aunque nunca necesitó exhibirlo. Podía permitirse prácticamente cualquier automóvil, pero prefería acudir al trabajo en su Seat 600.
Era profundamente humilde, sociable y detallista. Tenía la capacidad de escuchar de verdad y de hacer sentir importante a la persona que tenía delante.
«Convénceme».
No era una provocación. Era una invitación a conversar, a escuchar otros puntos de vista y a cambiar de opinión cuando alguien le ofrecía una razón mejor.
Tenía también un humor sutil y perspicaz. Una forma elegante de hacerse entender sin levantar la voz y de ejercer autoridad sin necesidad de demostrarla.
La inteligencia de saber ceder
Kary sabía que defender una idea no consistía en aferrarse a ella a cualquier precio. Entendía la negociación como un ejercicio de inteligencia, perspectiva y respeto por la otra persona.
«Hay que saber perder para ganar».
Para Kary, ceder no siempre significaba renunciar. A veces era la forma más inteligente de avanzar, preservar una relación o alcanzar un resultado mejor.
«Un mal pacto es mejor que un buen pleito».
Nunca dejó de aprender
A los 93 años contrató a un profesor de informática porque quería comprender el mundo que estaba llegando.
Falleció a los 98, lamentando no poder vivir un poco más para descubrir todo lo que todavía quedaba por venir.
CasaKary es, de alguna manera, una parte de ese futuro que no pudo llegar a ver.
De Marbella a Triana

Kary adoraba Sevilla: el flamenco, las sevillanas, la Semana Santa, la Feria y esa forma de vivir que parece avanzar al mismo ritmo que el Guadalquivir. Tenía incluso un apartamento en la ciudad.
Poco después de su fallecimiento, durante el confinamiento, Alfonso recibió la noticia de que un edificio situado en la calle Betis estaba en venta.
Allí comenzó CasaKary.
El antiguo letrero de hierro que presidía la casa familiar de Marbella, el hogar de Kary, fue trasladado hasta Sevilla. Hoy recibe a quienes cruzan la puerta de CasaKary, frente al río.
No es una pieza decorativa. Es el origen de todo.
Una casa que habla como ella
El ADN de CasaKary es el de Kary:
- Innovación con humildad.
- Lujo sin ostentación.
- Atención casi obsesiva por los detalles.
- Curiosidad para seguir aprendiendo.
- Y una hospitalidad que consiste en dar sin esperar nada a cambio.
CasaKary no pretende explicar quién fue Kary mediante un retrato o una biografía.
Prefiere hacerlo de otra manera: procurando que cada persona que entre en la casa se sienta tan importante como Kary conseguía hacer sentir a quienes tenía delante.
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